Cuatro décadas de Constitución

12.10.2018 | 04:45
Miguel Cid

Entramos en el último trimestre del año y con ello en la conmemoración del 40 Aniversario de la Constitución de 6 de Diciembre de 1978 y, dentro de la densa programación de actos al efecto, se ha celebrado en el Senado un Congreso Internacional Constitucional. Allí, bajo la presidencia de los presidentes de las Cámaras y del Tribunal Constitucional, se han pronunciado muchas palabras sobre la Carta Magna por expertos constitucionalistas de Europa e Iberoamérica.
Se dirá que ya está dicho casi todo, pero en estos momentos de crispación política no está de más recordar cómo se gestó el texto fundamental de nuestro ordenamiento jurídico y, sobre todo, en qué estado de salud se encuentra.
Todos elogian su génesis y su calidad jurídica y democrática, pero también hay comentarios singulares que contrastan con lo que está pasando, como la afirmación de Ana Pastor de que se aparcaron las diferencias ideológicas para gestarla, lo que ahora es todo lo contrario con discrepancias en aumento añadiendo que la transición representó entonces la reconciliación de los españoles y por ello, el éxito del consenso.
Pero sobre la tan cacareada modificación de la Carta Magna, las opiniones en su mayoría eran coincidentes sobre su necesidad, pero al no existir consenso entre las formaciones políticas, se hace prácticamente inviable, aunque se resalta que ni la democracia es inamovible ni las leyes eternas.
Igualmente, el Presidente del Tribunal Constitucional, Juan José Gonzalez Rivas, destacó que la democracia se basa en el respeto a la ley y que hay valores esenciales, como la definición de España como patria común e indivisible de todos los españoles, lo que constituye un aviso a navegantes descarriados.
El Presidente del Senado, García-Escudero, aunque reconoció que llegamos tarde a la democracia, lo hicimos con madurez, decisión e inteligencia y con afán integrador e inclusivo para que España dejara de ser, por fin, una singularidad a la vez que un estímulo para seguir construyendo nuestro futuro.
Importante, a mi juicio, fue la intervención del congresista de Guatemala Alvaro Arzú cuando dijo, refiriéndose a la transición, que ésta no se cierra hasta que no se resuelven los casos de impunidad, lo que corroboró el representante de Argentina afirmando que la corrupción no puede quedar impune, o sea, retos comunes de todos nuestros países iberoamericanos.
Como dijo Javier Gomá, de la Fundación Juan March, la Constitución representa la llegada de España a la modernidad en unos años que pueden calificarse de transformadores, constituyendo una auténtica revolución pacífica.
Según Manuel Aragón, catedrático y ex magistrado del Constitucional, se produjo un salto sin ruptura por la vía de la reforma. Pero sobre la de la Constitución fue tajante: ahora no hay que reformarla sino defenderla y quizá no le falte razón. Buenos días y buena suerte.

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