Serpientes venenosas

10.09.2018 | 04:45
Serpientes venenosas

Si por algunos fuera los españoles volveríamos a empuñar las armas para matarnos unos a otros y sacar lo peor que llevamos dentro. Si por algunos fuera, se volverían a quemar conventos, expoliar fincas, fusilar inocentes y tirar sus cadáveres. Afortunadamente esos "algunos" son pocos, pero su discurso belicista, venenoso y lleno de odio y rencor preocupa y mucho.
Esta pasada semana nos hemos emocionado con la historia de Germán Visús y José Mir. En un cuidado y bello vídeo, estos dos ancianos conversan afables y cordiales. Nada hace pensar que hace más de ochenta años uno podía haber matado al otro y viceversa en la cruenta batalla del Ebro de la Guerra Civil. Germán estaba en las filas del bando nacional y José, en el republicano. Hoy, centenarios pero lúcidos, son la viva imagen de esa reconciliación que llegó con la Transición y la Constitución. Una concordia que estuvo amarrada con buenos cimientos mientras tuvimos una clase política de altura. Pero que empezó a saltar por los aires cuando la mediocridad anidó entre nuestros gobernantes.
Para sorpresa de muchos, Podemos ha criticado con dureza la publicación de una campaña que quiere conmemorar los 40 años de la Carta Magna. Su virulencia indica que el Gobierno ha acertado con esta pieza que contrasta con las ansias de Sánchez de "dinamitar" el Valle de los Caídos y continuar por la senda de reabrir heridas que inició ZP.
Uno de los personajes más antidemocráticos que tiene la formación morada en su órbita, Juan Carlos Monedero, asegura que el vídeo es una "jodida vergüenza" (expresión muy propia teniendo en cuenta la catadura moral del espécimen). El representante de las torturas de la dictadura bolivariana en España, afirma que en Alemania sería impensable que un nazi y un judío superviviente de un campo de concentración aparecieran en algo así. Su comparación sí que es una jodida vergüenza llena del odio que les corroe por haber perdido una guerra en la que no participaron.
Monedero olvida que muchos combatientes del bando nacional no eran ni fascistas, ni antidemócratas, ni golpistas, ni malas personas. Eran jóvenes españoles que tuvieron que colgarse un fusil por el simple hecho de vivir en provincias como Salamanca. Al señor Monedero y sus adláteres les recomiendo el libro del historiador británico James Matthews "Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil, 1936-1939". En él señala que estos soldados improvisados se vieron forzados a acudir al llamamiento a las armas ya que, de lo contrario, eran perseguidos por desertores. Eso no sólo pasó en el bando nacional, también en el republicano. Matthews recuerda que los voluntarios para luchar en la Guerra Civil fueron alrededor de 100.000 en cada bando. Con esas cifras tan pírricas no quedaba remedio que acudir a la reclutación ineludible de los hombres de entre 18 y 45 años.

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