Todo es relato

12.08.2018 | 04:45
Román Álvarez

Decía Flaubert que el futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Borges, por su parte, sostenía que la duda es uno de los nombres de la inteligencia. Bueno, sí. Pero eso era antes. Ahora ya no. Ahora todo es relato. Relato es una de las palabrejas de moda a la que cualquier pseudointelectual que se precie tiene que recurrir antes o después. Todo en política es relato. Sin él no parece haber persuasión posible. Hasta la gravedad de una dolencia puede variar en virtud del relato que de ella hagamos. No es lo mismo entrar en un hospital que ingresar en él. El relato neutraliza otras carencias, como la de pensar por uno mismo. Ya no hace falta leer, porque el relato de ahora no es un conocimiento que se transmite con respecto a un hecho determinado, ni una narración más o menos estructurada.
Antes, relatar se usaba para describir una manera de expresarse un tanto apresurada, con escasa hilazón argumental o estructural, propia de persona amiga de hablar a tontas y a locas. "Tú relata, relata, que yo ni caso", podía replicar el hipotético interlocutor al hablante que de tal guisa se expresara. O bien, "Fulano se alejó de allí relatando no sé qué para sus adentros". En su más utilizada acepción, el relato participa de un fondo insulso y banal. Se expresa mediante una sintaxis ampulosa, pero vacua. Puro postureo, término, por cierto, de muy frecuente y generalizado uso últimamente.

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