Resistencia en las playas de Marruecos

06.08.2018 | 04:45
Resistencia en las playas de Marruecos

Toda la vida conocí a mis dos abuelas vestidas de negro, luto sobre luto, al que ambas se abonaron a la fuerza desde su juventud, obligadas por normas sociales mostrencas e insalvables, que tras la muerte de sus padres, primera presencia del negro en su vestuario, encadenaron con los sucesivos fallecimientos de tíos, hermanos, cuñados, etc. que oscurecieron para siempre sus ropas y sus atuendos, en los que un velo negro ala de cuervo era el telón siniestro de sus rostros durante sus innumerables misas, rosarios y novenas.
El luto prohibía ir al cine, y a los bailes, que eran las únicas diversiones pacatas, de la época y hasta dificultaba las asistencias a bodas y bautizos de parientes amigos y familiares. Un horror.
Mi infancia son pues recuerdos, entre otros mucho mejores, de las abuelas de luto y de muchas mujeres, no todas, sometidas a la altanería y al capricho de sus maridos, displicentes y altivos, que jamás supieron donde estaba la pila de lavar, ni el cuarto de la escoba.
Viene esto al caso a propósito de un artículo de Javier Reverte, publicado días atrás en El País, donde enumeraba un relatorio siniestro de las opresiones y escarnios a los que estaban sometidas las mujeres de nuestro país hace apenas cuarenta años. Y a partir de ahí reflexionaba sobre un conflicto vivísimo que recorre estos días las playas de Marruecos, donde hay una persecución implacable y ruin contra las mujeres nativas. Con las turistas no van las amenazas, que se atreven tímidamente a exponer su cuerpo al sol vestidas con bañadores púdicos de talla XXL, que ni siquiera toleran los integristas.
"Sé un hombre, tapa a tus mujeres", dice la torva consigna que moviliza a esta sarta de fundamentalistas, esbirros de la moral más rígida, practicantes además de una poligamia opresiva y abyecta, que recorren la costa de Marruecos amenazando a las bañistas con palos y golpes para amedrentarlas.
Por fortuna, un incipiente movimiento contrario a los desmanes de aquellos sultanes recorre el país vecino, animado por hombres y mujeres unidos frente a la rufa consigna y aunque sus comienzos sean inseguros y balbuceantes, a la larga sus gestos saldrán victoriosos porque la incorporación de las mujeres a la vida y a la dirección de la sociedad civil es imparable, incluso en países muy represivos como Arabia Saudí e Irán.

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