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De usar y tirar

07.07.2018 | 04:45
Alberto Estella

Dramático, aunque contenido, me pareció el rostro de Soraya Sáez de Santamaría, anoche en su intervención televisiva tras conocerse el resultado de las primarias del PP, implorando que se respetara la lista más votada. Tenía el temor fundado de que se unieran contra ella el segundo, Pablo Casado, un gallito (le están creciendo ahora los espolones) que ha aparecido entre las que Federico Jiménez Losantos llama "niñas asesinas", con su habitual desmesura, aunque un alto cargo del partido me ha susurrado que verdaderamente la lucha entre ambas ha sido sangrienta. En efecto, en el próximo congreso del PP hoy por hoy está cantado un acuerdo entre el segundo más votado y los dos siguientes, es decir, María Dolores de Cospedal y José Manuel García Margallo. La primera, "señora de hierro" (esposa de Ignacio López del Hierro) y ex miss Albacete, sacó hace mucho la navaja de su patria chica contra Soraya y su gente, sin duda pensando "arrieritas somos". Y Margallo advirtió desde el primer momento que haría todo lo posible para que la Abogada del Estado de Valladolid no alcanzara el poder en el partido. El pacto contra Soraya, pequeñita como los frascos de buena esencia, puede estarse fraguando en este momento y si cuaja al grito de "a por ellaaaa", los tres aliados vencerían holgadamente. Si lo lograra, en España dominaría la efebocracia, porque los líderes de los cuatro partidos más votados son todas personas jóvenes, aunque no sobradamente preparados (Casado, Rivera, Iglesias y Sánchez).
Pues Señora Sáez de Santamaría va a ser que no. En España no tiene éxito dejar que mande la lista más votada, a pesar de los esfuerzos del PP y los de Rajoy en los últimos años, cuando se le escapaban alcaldías y comunidades en las que había ganado el PP. Pedro Sánchez ocupa la Moncloa con el resultado más exiguo históricamente del PSOE. Que les pregunten a los catalanes si gobierna la cabeza de la lista más votada, Arrimadas, o tiene que dedicarse a hacer oposición, por cierto, de un modo valiente y formidable. Y Salamanca no tuvo la primera alcaldesa de la democracia en 1979 porque habiendo ganado las elecciones Pilar F. Labrador (13) se aliaron el PSOE (11) y el PCE (3).

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