Un idioma universal

11.06.2018 | 04:45
Un idioma universal

En su libro "Presentación de la Universidad de Salamanca" su autor, Lamberto de Echeverría, seguramente el mejor cronista universitario de la historia salmantina, dedica un capítulo a la Real Capilla de San Jerónimo o Capilla Universitaria, sencillamente. Y dice de la celebración de la Fiesta sacramental que "es uno de los espectáculos, si así puede llamársele, más hermosos que puede verse", por las bellezas recibidas de los mayores y la religiosidad, añade. Una fiesta cuya liturgia, entre la capilla y el claustro, pudo ver toda España a través de la televisión el 24 de junio de 1984. Hoy, la Real Capilla, es una de las pocas que quedan en las universidades con culto vivo, decía don Lamberto, y eso a pesar de los numerosos intentos para su secularización. Ayer volvió a vivir el esplendor de la fiesta Sacramental en ella, con el oficio de Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española, que se vio arropado por doctores de ambas universidades salmantinas y el olor a tomillo que alfombraba el suelo.
Unas horas antes, el rector de la Universidad de Salamanca, Ricardo Rivero, bajó al campo de rugby de La Aldehuela donde se festejaban un cuarto de siglo del Salamanca Rugby Club. Fue un momento para anotarlo en los anales del club salmantino, que continuó con la tradición abierta por el Sargento Peppers muchas décadas atrás, 1973, en las pistas universitarias del Botánico, aunque la entrada de este deporte en Salamanca fue antes y por el seminario de Linares de Riofrío, como bien sabe su alcalde, Ignacio Polo. El rugby fue siempre un deporte vinculado a la universidad, de donde salimos la mayoría de sus jugadores. El Salamanca Rugby Club acoge una extraordinaria cantera de chicos y chicas que un día estudiarán en la Universidad de Salamanca y querrán jugar en su equipo en cualquiera de otra universidad española o extranjera. El del rugby es un idioma universal. Fue, como digo, un detalle extraordinario de Rivero, que quizás abra un tiempo de colaboración. La lluvia no aguó la fiesta –no lo hubiera hecho de ninguna manera, hablamos de rugby— y fue una oportunidad espléndida para volver a ver a viejos (y no tan viejos) amigos, muchos de ellos militantes en el Barbarians, equipo que reúne a numerosos veteranos del rugby local. El torneo aniversario, In memoriam, sirve también para recodar a jugadores y familiares que se quedaron por el camino y disfrutan hoy de una liga eterna de Barbarians. Hoy, algunos de mis recuerdos de ex jugador están en el subsuelo del Botánico o en las eras de Nuevo Naharros o Balmasa, como los restos romanos salmantinos duermen en sótanos, pero también en el campo universitario de Salas Bajas, que algunas viejas glorias tuvimos la suerte de inaugurar en su momento y en el que echo algunas horas viendo entrenar o jugar a nuestros universitarios y universitarias, como echo otras entrenando a niños en el SRC en algo que nos parece más que un deporte.

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