No ceder ante los depredadores

11.06.2018 | 04:45
No ceder ante los depredadores

El nacionalismo separatista es insaciable. Los años nos han hecho ver que si le damos una mano, agarran como un lobo hambriento el brazo entero. Son auténticos depredadores dispuestos a todo para conseguir su objetivo final: desmembrar España. Por mucho que sean necesarios para la gobernabilidad del país, como sucede ahora, hay que andar con pies de plomo. Pero los grandes partidos no han aprendido la lección a pesar de los tortazos que han recibido. El PNV, días antes de aupar a Sánchez al poder, se llevó una buena tajada de los Presupuestos a costa de chantajear al débil Rajoy. Si alguien en el PP creyó en su fidelidad, demuestra que, además de ignorante, es un auténtico inocente. Hablemos claro. Son meretrices que se van con el mejor postor. Auténticos tumores malignos de la política que, mientras no se reforme la ley electoral, vamos a seguir soportando.
Por todo esto sorprenden mucho más los gestos del nuevo Gobierno socialista hacia los secesionistas catalanes. Las palabras del sábado de Meritxell Batet, nueva ministra de Política Territorial, abriendo la puerta a una reforma de la Constitución para contentarles, son altamente irresponsables. Aunque esa modificación de la Carta Magna no se pueda hacer en esta legislatura al no contar con el apoyo de PP y Cs, el simple hecho de ponerla sobre la mesa provoca un efecto muy nocivo. El mensaje que se lanza a los nacionalistas es que sus tropelías tienen premio. Después de convocar dos referéndum ilegales, mancillar a los que se sienten españoles en Cataluña, dividir a toda una sociedad, saltarse a la torera las normas básicas de convivencia, proclamar una república bananera en un claro acto sedicioso, huir de la justicia y, lo que es peor, mostrar su disposición a reincidir, resulta que ahora les ponemos un caramelito. No se puede consentir.
Como catalana, Batet debería conocer muy bien a sus paisanos sediciosos y, sobre todo, saber escuchar. El xenófobo y títere presidente catalán, Joaquín Torra, lo ha dejado claro. Ellos parten del 1-O. Algunos pueden pensar que es un órdago para acabar pidiendo lo que tanto les gusta pedir, dinero. Sea como fuere, deberían encontrarse el no por respuesta y mucho más en este momento. El Gobierno español tiene que lanzar un mensaje claro: mientras no haya muestras de que quieren volver a la senda de la Constitución, no se habla ni se negocia. No critico que Sánchez vaya a contaminar Moncloa con la visita del infecto Torra, pero de ahí a empezar a dar premios va a un trecho.
Si además no se lanza ese mensaje de firmeza, ellos se van a crecer. No hay mejor combustible para este fuego que un Gobierno débil dispuesto a ceder, aunque sea lo mínimo. Son motivos más que suficientes para que se sigan olvidando de la gestión de los servicios básicos en Cataluña y continúen dando la tabarra con su proyecto de separar su cateto poblado de Astérix. Todo esto lo ve un ciego, pero Sánchez, en su afán por tener gestos, se va meter en un pozo muy peligroso.

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