Sombras de un Gobierno bonito

10.06.2018 | 04:45
Julián Ballestero

El Gobierno bonito de Pedro Sánchez ha sido recibido con vítores por la crítica especializada, incluso los comentaristas más escorados a la derecha se han deshecho en piropos hacia las mujeres y hombres del equipo socialista. Y_el caso más chocante de esa epidemia de admiradores ha sido el del presidente de la Junta, que incluso ha perdido la perspectiva del partido al que pertenece.
Pero fue el mismo Juan Vicente Herrera, en su larga y laudatoria valoración del Ejecutivo sanchista, el que apuntó a la existencia de algunas sombras en este deslumbrante póster electoral compuesto por once mujeres y seis hombres. "Es un gobierno con algunos nombres muy sólidos, aunque otros con incoherencias que en algún momento tendremos que subrayar". No le falta razón al presidente de la Junta: no es oro todo lo que reluce en el plantel socialista.
Las sombras de los nuevos ministros van desde la anécdota al más preocupante escoramiento político. Como chascarrillo vale el de Nadia Calviño, la ministra de Economía, que saltó a la fama antes de llegar a la mayoría de edad porque votó ilegalmente en el referéndum de la OTAN (ese en el que Felipe González se hizo mayor) en 1986, cuando la gallega no había cumplido los preceptivos dieciocho años.
Más grave parecen los antecedentes de la nueva ministra de Sanidad, Carmen Montón, a la que persigue un largo historial de enchufismo cuando era consejera del ramo, con casos como el de su marido, Alberto Hernández Campa, nombrado como gerente de la empresa de aguas de la Diputación de Valencia (del PSOE) y que tuvo que anunciar su renuncia a los tres días.

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