Capítulo número...

16.05.2018 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Para Aznar España iba bien, con Zapatero comenzó a no ir tan bien, con Rajoy la tendencia a empeorar (no en lo económico, sí en lo demás) siguió y hoy España va mal, además con la inquietud por la posibilidad de que con otros en el Gobierno pueda tal vez ir peor, posibilidad que produce desolación, desesperanza e incertidumbre. Si lo que hay es lo mejor, dicho de otra manera, lo menos malo de entre lo que puede haber, la que nos espera si cambia de manos el Gobierno puede ser el remate de lo que aún nos queda. ¿Qué hacer?
España va mal, pero Europa no va mejor. Con esta comparación no busco consuelo, lo contrario, porque encuentro en ella una razón para la alarma, el desconsuelo, la desconfianza, el temor. El mundo está en ascuas y cualquier conflicto por lejano que esté o parezca estarlo repercute en todas partes y el mundo entero se resiente. Pero España, además, tiene su propio conflicto. El panorama se las trae y no da pie al optimismo. Ver cómo evoluciona lo catalán, encanalla, más todavía porque podría haberse evitado, aún se puede, pero cuanto más tiempo pase más se enrevesa y difícil se pone sin que se vea voluntad, porque no hay coraje ni lo que hay que tener para frenar toda esta deriva separatista, tan descarada que humilla a España entera —cuando digo entera es porque incluyo a Cataluña— y España no está para humillaciones, vengan de quienes vengan, del proceso o del Gobierno que está sometiendo por permitir que hagan y dejar que transcurran las cosas a una afrenta todavía más dolorosa.

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