La cabina

14.05.2018 | 04:45
La cabina

Mientras nuestros representantes en Eurovisión provocaban en Lisboa un subidón de glucosa veía en el CAEM a Tricicle. El trío de maestros del arte gestual no defraudan en sus actuaciones igual que nuestros representantes en Eurovisión. Unos nos hacen llorar de la risa que provocan y los otros, de la pena que nos producen. Eurovisión se nos da mal porque en el juego de la geopolítica pintamos lo que nos votan en el concurso musical, donde este año hemos quedado los cuartos por la cola. ¡El puesto es una mierda!, han dicho Amaia y Alfred, que de paso han descrito el concurso como "postureo": han visto la luz, por fin, aunque haya sido con un coscorrón como el del sábado. Cuando llegué a casa la suerte estaba echada y seguí la votación con el interés con el que se atiende una conferencia sobre la llama andina en primavera. Vamos a necesitar de un milagro y una política exterior más activa si queremos ganar en Eurovisión.
Lo primero, quizá, haya que encargárselo al Cristo de los Milagros, lo cual parece lógico, que salió ayer en procesión abriendo, así, todo el rosario de celebraciones que nos aguardan en serie: Encarnación, La Salud, Corpus, San Juan€ Temporada alta de romerías y procesiones. Y así, mañana, los del campo celebran a San Isidro, al que este año no le pedirán agua, pero seguro que algo le solicitan. En otro tiempo era lluvia, ahora, quizá, sea mejoras de la PAC o precios justos en el mercado de los lunes. Se calientan motores para los Corpus, con sus procesiones y encierros, y aquí en la capital nos preparamos para San Juan de Sahagún, al que nuestro Gabriel Calvo ha dedicado un romance buenísimo que ya les contará y cantará más adelante. Antonio Varas, autor de las ilustraciones del libro "Historia de Salamanca ilustrada" lo es también del cartel sanjuanero de este año, así que no para el hombre. El que sí lo ha hecho, parar, pero en contra de su voluntad es Antonio Mercero, el de "Verano azul". Gracias a él, los de mi generación entrábamos en una cabina telefónica con enorme desconfianza, pensado que, a lo peor, nos sucedía como a José Luis López Vázquez, que nos quedábamos encerrados de por vida en una cabina y nos llevaban a un depósito lleno de otras cabinas en las que dentro había esqueletos de otros seres que también se quedaron encerrados en cabinas. Aquel depósito era una sala de la presa de Aldeadávila, escenario del célebre e inquietante corto "La cabina", con el que Mercero nos metió el susto en el cuerpo. Sale en las imágenes.

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