Dioses peligrosos: Venus y Mercurio

13.05.2018 | 04:45
Joaquín Leguina

En el Londres de los años setenta del siglo XIX existía un club de los "desnarigados", personas que carecían de nariz. ¿Y cuál era la causa de esos desnarigamientos? La respuesta es que padecían sífilis, una enfermedad causada por una bacteria llamada treponema pallidum. La sífilis se manifiesta en tres fases y la tercera, la terminal, aparece varios años o décadas después del contagio y es cuando se extiende a huesos y cartílagos, incluyendo la nariz, y los destruye. También afecta al corazón y al sistema nervioso (neurosífilis), produciendo parálisis, demencia, ataques de dolor, ceguera, y finalmente la muerte.
Desde siempre la llegada a Europa de este mal "renacentista" se atribuyó a los españoles, una componente más de la leyenda negra.
Al inicio, la mayoría de los tratamientos se basaban en el mercurio, lo que dio lugar a la expresión "una noche con Venus, toda una vida con Mercurio". Por desgracia, los efectos secundarios derivados del consumo de mercurio son peores incluso que la propia sífilis. De hecho, está prohibido su uso hasta en los termómetros, aunque hay peces, como el pez espada, que lo llevan dentro en abundancia. Sabemos que el mercurio es un metal tóxico que afecta al funcionamiento del sistema nervioso. Los síntomas de la intoxicación por mercurio incluyen ansiedad, agresividad, depresión, insomnio y pérdida de memoria. También produce alteraciones en las encías, los dientes y problemas e riñón e hígado.

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