La toma del Palacio

12.05.2018 | 04:45
Alberto Estella

Ya no hace falta asaltar los palacios. Los enseñan gratis los aristócratas los lunes por la tarde. Se ha abierto al público el Palacio de Monterrey, merced a un convenio entre la casa ducal y el Ayuntamiento. Ya se visita Dueñas y cualquier día se abre Liria. En Windsor, construido hace 900 años y residencia predilecta de la Reina, entran hace mucho turistas (el paisano Quintín Calles y su mujer me acaban de enviar una foto delante). ¿Porqué no enseñar el que construyó aquí Rodrigo Gil de Hontañón?. En 2016 fui a ver a mi nieto grande a Inglaterra y me llevó al Palacio de Blenheim, la monumental residencia de los duques de "Mambrú" (escribir el título en inglés resulta imposible), del que "se fue a la guerra". Hay maquinitas que almacenan y reproducen sus formidables discursos, entre ellos el histórico de "sangre, sudor y lágrimas".
Europa ya no está en tiempo de revoluciones ni siquiera de mansiones nobiliarias inaccesibles. No es preciso asaltar el Palacio de Invierno, como hicieron las turbas en 1917, en que comenzó —con la francesa—, la más dura de la historia. Quienes hayan visitado el hoy museo Hermitage (San Petersburgo), comprenderán algunas razones de los asaltantes. ¿Cómo soportar el frío y el hambre impertérritos viendo un palacio – mas otro igualmente fastuoso para el verano -, con caviar, lumbre y 1.500 habitaciones? Hacían falta 160 familias solamente para encender y despabilar las velas.

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