Nuestro Mayo del 68

07.05.2018 | 04:45
Nuestro Mayo del 68

Los papeles venían este domingo rellenos de referencias a aquel mayo francés de 1968, el "Mayo del 68", del que se cumple medio siglo. Los estudiantes fueron los grandes agitadores de aquella movida parisina llena de adoquines, barricadas, lemas, huelgas, asambleas, fotografías icónicas, amor y gases lacrimógenos. También en Salamanca los estudiantes estaban en la pomada antes, incluso, de la llegada de aquel mes.
Los papeles de la época hablan de mar de fondo en ambas universidades. Cuando a principios de año se inaugura la escultura de Pablo Serrano a Miguel de Unamuno –quizá esté en la exposición unamuniana de San Eloy que se inaugura esta mañana—las crónicas no pueden obviar la presencia de estudiantes manifestando su disconformidad. Unas horas antes de descubrirse la estatua, los estudiantes habían acudido hasta ella en manifestación y la policía no se anduvo con chiquitas, sacó las porras y les puso a vivir. No sería la única vez ese año que policías y estudiantes se veían las caras. Las facultades de Medicina y Filosofía y Letras fueron cerradas temporalmente, el Gobierno Civil miraba con lupa lo que se cocía en la de Derecho, con aquel "peligroso social" que era entonces Inocencio García Velasco, alias Chencho, y no era el único. Cualquier acto público servía de plataforma para la protesta y intervención policial. En Salamanca y fuera. LA GACETA da cuenta, por ejemplo, de la detención de dos estudiantes salmantinos en Sevilla, Manuel Alfonso Gutiérrez y Miguel Ángel Casquero León, por participar, seguramente, en una asamblea o reunión clandestina que entonces estaban a la orden del día. Era marzo. También en Valencia cayeron algunos otros, como Antonio Roche, de la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que además de los alumnos andaban los profesores con disgustos. Hablamos de los Olegario González de Cardedal, Fernando Sebastián o Setién, por ejemplo, molestos por la discriminación universitaria del momento. Así que cuando llegó el mayo francés, nosotros, de una forma más modesta, habíamos pasado enero, febrero, marzo y abril de alborotos y en un país muy lejos de la democracia y con una policía que ya sabe que era de aquella manera: primero sacudía y luego preguntaba. Recomiendo la lectura de este apartado en el último volumen de la Historia de Salamanca publicada por el Centro de Estudios Salmantinos, con los detalles de Ignacio Francia, que desgrana otros nombres muy conocidos por casa, como el de José Castro Rabadán, por ejemplo. Una vez leído, ya puede afrontar cualquiera de los mil y un libros que la efemérides irá alumbrando y descubrirá que más allá del famoso "sé realista y pide lo imposible", hubo más, mucho más.

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