Yo no estuve en París

05.05.2018 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Nunca he estado en París, ni antes, ni durante, ni después de aquello que cincuenta años después vuelve a la actualidad como la madre de todos los cambios, en unos tiempos que nada tienen que agradecerle a los protagonistas de aquel Mayo que trastocó el mundo, pero no tanto como cuentan ahora los nostálgicos de aquellas movidas, meras tracas, con mucho ruido, mucho humo y poco más.
Fue 1968 el año más calenturiento de aquella década prodigiosa, que hizo cuña [abriendo un abismo] entre la década de los cincuenta y la de los setenta. En solo diez años cambió el mundo más que en el medio siglo anterior, no obstante la "guerra fría" que resultó al final más eficaz y fructífera que las dos "guerras calientes" que la precedieron.
Entre la juventud "progre" de entonces [y de más tarde] era un orgullo el haber estado en París durante las revueltas participado en ellas, levantando barricadas y lanzando adoquines contra la policía, gamberreando al grito de "¡la imaginación al poder!", imbuidos por la música de una caterva subida de tono y hasta las trancas de LSD€ para llegar a como están hoy las cosas, o sea, para llegar a nada, o a peor que eso: del "prohibido prohibir" como principio irrenunciable de aquella libertad utópica al propósito también irrenunciable de prohibir por prohibir todo aquello que no se ajuste a la ortodoxia y que hoy llaman "corrección política" como final de trayecto.

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