Lo que pudo cambiar

02.05.2018 | 04:45
Santiago Juanes

La manifestación del 1º de Mayo volvió a reunir a un paisanaje de pre y jubilados muy parecido al que llena los teatros para ver y escuchar a Serrat. Es lo que hay. Hasta que no llegaron las banderas del PCE costaba encontrar jóvenes en la manifestación laboral de ayer a pesar de la que les está cayendo, en especial a los jóvenes salmantinos. El asunto sindical no está en su agenda, que al ver la manifestación de ayer pensarían, además, que los sindicatos son un ente de otro tiempo, como pueden pensarlo de las canciones de Serrat, a pesar de que Penélope encierre una historia eterna y maravillosa, Mediterráneo nos ofrezca una visión idílica de un mar cada vez más vinculado a la muerte, y Cantares o Para la libertad sean más himnos que canciones para las gentes de otro tiempo, aunque deberíamos tenerlas siempre –ahora también—muy presentes, que nunca se sabe lo que puede cambiar. Uno va a ver y escuchar a Serrat por algo más que disfrutar de sus canciones, que todos cantamos al pie de la letra, y supongo que los más fieles van a la manifestación del 1º de Mayo a más que a corear los lemas que ese año estén de moda. Espectadores y manifestantes sabemos muy bien lo que nos deparan una y otra cita, y allá vamos, al encuentro con su liturgia y sus emociones, para satisfacer algo propio y eterno. Fue la de ayer una manifestación larga y deshilachada. Como fragmentada. Daba la impresión de ser una manifestación de manifestaciones cada una con su pancarta, banderas y lemas. Y deja convocada la del año próximo, como quedamos a la espera de recibir de nuevo a Serrat. Cada loco, con su tema.

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