El español por delante

02.05.2018 | 04:45
César Lumbreras

Sucedió la semana pasada en Bruselas. El embajador de Francia ante la UE abandonó la reunión del Comité de Representantes Permanentes, denominado COREPER en la jerga comunitaria. El motivo fue lo que podríamos denominar el monolingüismo inglés. Los embajadores debían decidir la creación de un grupo de trabajo especial de "amigos de la presidencia" dedicado a un tema importante como es el próximo Marco Financiero Plurianual, que establece las grandes cifras del presupuesto comunitario para el periodo 2021-27 y que la Comisión Europea debe presentar hoy (su propuesta). Y sucedió que el reglamento de procedimiento de este grupo no preveía que hubiese interpretación. Ósea, que solo se hablaría y se trabajaría en inglés. La razón oficial que se adujo para el monolingüismo fue una cuestión de eficacia y una cierta tradición, porque esos grupos de "amigos de la presidencia", que se reservan para las cuestiones sensibles transversales, no prevén interpretación.
Se trata de una práctica contraria a las reglas habituales que se usan para el resto de los grupos de trabajo, en los que se permite la interpretación a solicitud de cualquier Estado miembro. "Los que quieren hablar en su lengua deben poder beneficiarse de una interpretación", sostuvo el embajador galo. Esta actuación tuvo lugar pocos días después de que el presidente francés anunciase una ofensiva en todo el mundo, incluidas las Instituciones de la UE, para que su idioma recupere el peso que tuvo en el pasado, especialmente en los asuntos diplomáticos.

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