No era una excepción

16.04.2018 | 04:45
No era una excepción

Pues no. La universidad no era una excepción. Los que pensaron que la podredumbre moral de este país era exclusiva de la política, se equivocaban. Nuestros gobernantes han abanderado los desmanes que salieron a la luz pública en los años de crisis. Pero otros sectores donde se maneja dinero y poder también se han movido en el fango. Entre ellos, la universidad. Hemos tardado en darnos cuenta, pero el día ha llegado. Y ha venido paradójicamente a raíz de un escándalo político (aunque más bien es universitario), el de Cristina Cifuentes. Nunca es tarde para descubrir lo que se cocía y se cuece en la educación superior. Aunque para ser exactos, de momento lo sabemos sólo los ciudadanos, no los rectores. No hay más que ver la vergonzosa comparecencia del presidente de la CRUE la pasada semana. Corporativismo del malo. Ni un ápice de autocrítica. Parece que con la dimisión de Cifuentes la universidad española ya está redimida de todos sus males. No hay más ciego que el que no quiere ver. Por ahí no van las cosas señor Roberto Fernández, máximo responsable de la Conferencia de Rectores y de la "prestigiosísima" Universidad de Lérida.
La presidenta de la Comunidad de Madrid se tiene que marchar. Me duele porque la tenía en estima. Una mujer con carácter y decidida a sacar la mierda al patio. Es meritorio teniendo en cuenta la pocilga en la que convirtió Esperanza Aguirre y los suyos el PP de Madrid. Por eso causó recelos en su propio partido y algunos estos días se alegran de su inminente caída. Pero junto a Feijóo era el gran valor de los populares. La imagen de frescura que necesita una formación que sigue rehén de ese muerto viviente llamado Mariano Rajoy. Pero la baza de Cifuentes ya es una quimera. Cierto es que su hundimiento se va a producir de la forma más absurda posible. En un país donde hay políticos que han trincado millones de euros —véase el caso de los ERE— parece irreal que la mandataria madrileña tenga que irse por decir que estudió un máster que ni tan siquiera hizo. Pero aquí entra la palabra honradez. Cifuentes ha mentido y se ha embarullado una y mil veces. No hay por dónde cogerlo. Ha metido la pata hasta el corvejón y, en una era de pactos y ausencia de mayorías absolutas, no vale la táctica de dejar pasar el tiempo y mirar para otro lado.

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