Valencia en Salamanca

09.04.2018 | 04:45
Valencia en Salamanca

La calle de Valencia es el recuerdo visible y callejero de nuestra buena relación con la capital del Turia. Una buena relación acreditada este fin de semana con el desembarco de cientos de valencianos a promocionar algunas de sus costumbres, como la de celebrar con pólvora y ruido todo, sus desfiles de moros y cristianos, hacer paella y quemar las fallas. El cuartel general se estableció en la Vaguada de la Palma. Y ha sido una visita más que cordial. Nadie se acuerda ya –pasó hace muchísimos años—de cierto episodio que nos enemistó y estuvimos de morros una temporada larga, hasta que la botadura del "Ciudad de Salamanca" y el darle a la Ronda de Labradores el nombre de Valencia, cerró aquella herida. Aquel "Ciudad de Salamanca" estaba destinado a llamarse Alcora y fue botado el 13 de abril de 1945. Con él se producía ese hermanamiento entre Salamanca y Valencia clausurando aquel episodio de los años veinte, cuando por culpa de un intercambio frustrado y varias declaraciones desafortunadas, ambas provincias estuvieron sin hablarse. En otro momento ya conté que aquel barco tuvo una vida más que accidentada hasta su desguace en febrero de 1977. Entre 1978 y 1986 la compañía Transmediterránea encargó cuatro buques de tipo Canguro, uno de los cuales fue el nuevo "Ciudad de Salamanca". Paralelamente, el callejero valenciano incluía una calle dedicada a Salamanca, donde radica, por cierto, una sociedad fallera y se creaba una Falla Salamanca Conde de Altea, en la que, por cierto, han tenido siempre mucho protagonismo las mujeres. Es preciso recordar, que ya tuvimos por aquí fallas tiempo atrás, con la Plaza Mayor de escenario.
No han tenido buen tiempo los valencianos en Salamanca ni se espera que los salmantinos lo tengamos hoy, Lunes de Aguas, que será de nuevo Lunes de "Paraguas". Toca buscar techo o armarse de valor y chubasquero para comer el hornazo junto al río o lo que queda de él, que da penita verlo a la altura del Puente de Enrique Estevan, donde casi es posible andar sobre las aguas. Además de por barco, valencianos y salmantinos estamos hermanados por el hornazo. El de ellos se llama mona, que es lo que era el nuestro hace varios siglos. La mona es masa con huevo cocido, lo mismo que lo era el hornazo antes de convertirlo en la deslumbrante empanada que es hoy, barroca, sofisticada y contundente. Allí la mona es un obsequio, que eso significa su nombre, de origen árabe, y aquí el hornazo es también un obsequio.

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