Las vidrieras del mercado

02.04.2018 | 04:45
Las vidrieras del mercado

Aparecía días atrás el proyecto gráfico de la nueva iluminación que se va a instalar en el exterior del edificio del Mercado Central y a primera vista la impresión es favorable. Una cuidada luz limpia y bien distribuida que resalta los volúmenes del extraordinario edificio, que en cristal, ladrillo cara vista y hierro de la Fundición Moneo, diseñó en 1905 el arquitecto Joaquín Vargas, que también construyó la casa Lis.
Hasta aquí las alabanzas, que cesan inmediatamente al considerar que la iluminación, va dar luz y brillos a unas nuevas vidrieras de colores ¡diz que Art Decó!, que para asombro de propios y extraños eligieron al unísono nuestros nunca bien ponderados concejales, de entre una terna en la que al parecer había otros modelos más austeros y elegantes, conformes con la identidad estética del edificio. Pero no, el Consistorio se calzó las gafas de ver faralaes, se arrancó por bulerías churreras y ha elegido poner cristaleras de colores, entre castizas y modernista, ajenas por completo a la naturaleza del proporcionado edificio para el que Vargas jamás quiso policromía.
Tuvo el Mercado allá por los años setenta la sentencia de la demolición encima, cuando empezaron a instalarse en la ciudad los primeros supermercados y se decidió su derribo con el propósito de construir en su lugar un aparcamiento para autos, cuando se prohibió que estos aparcaran en la Plaza Mayor. Pero a última hora aquella barbaridad consiguió suspenderse, debido entre otras muchas voces a la del hoy catedrático de Arte de la Universidad de Valencia, Joaquín Bérchez, a la del fallecido poeta Aníbal Núñez y a mi modesta contribución.
Cuento la historia, que tiene su interés. Se estaban desmantelando las instalaciones de la Fundición Moneo, ubicadas en la que todavía llamamos la cuesta Moneo, y en aquel caos, los tres encontramos, tirados por el suelo de sus oficinas, el catálogo completo, de los planos, a plumilla y papel cebolla, de las importantísimas obras que la Fundición había construido con el hierro de sus hornos por toda la ciudad. Farolas, marquesinas bancos y el tesoro intacto de los planos del Mercado de Abastos, alzado en 1905 por el arquitecto Vargas.

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