Sueños o pesadillas entre rejas

26.03.2018 | 04:45
Sueños o pesadillas entre rejas

Puede que Carlitos Puigdemont tenga, a partir de ahora, sueños o pesadillas con aquel 26 de octubre de 2017. En la cárcel hay mucho tiempo para meditar, reflexionar o torturarse. Teniendo en cuenta que hablamos de un pirómano, puede que tarde unos meses en asimilar lo que le espera. Pero, tarde o temprano, lo hará.
No solo a Puigdemont le gustaría retroceder en el tiempo. Estoy seguro de que a Junqueras, Forn, Turull, Rull y compañía, también. Sobre todo cuando nadie se acuerde de ellos. Porque los días pasarán y el tiempo es muy cruel. El ´show´ victimista de los golpistas no se puede estirar como un chicle. Y otros, que serán más listos que ellos, dirán aquello de "el muerto al hoyo y el vivo, al bollo". Porque como buen nacionalista catalán, lo importante es seguir trincando. Llenar la hucha molestando un poco al Estado "opresor", pero sin tensar demasiado la cuerda no siendo que acaben con una mano delante y otra detrás. Estoy seguro de que han aprendido la lección. Como dijo Arrimadas hace unos días, pensaban que sólo se iban a topar con Rajoy, pero afortunadamente se estamparon contra el Estado, que es bastante más potente e implacable que el presidente del Gobierno.
Pero volvamos a aquel 26 de octubres. Ese día que martirizará a Puigdemont una y otra vez como un martillo pilón. En aquel momento aún se podía dar marcha atrás a la locura y Carlitos estuvo a punto de hacerlo. Así se lo había dado a entender al lehendakari, Íñigo Urkullu. El vasco se encargó de convencer al entonces presidente de la Generalitat de que no siguiera adelante. Nadie mejor que él para hacerlo. El PNV actual es fiel seguidor de la estrategia parasitaria de Pujol. Odio a España, pero no puedo acabar con ella. Por lo tanto, me acojo a un juego que mezcla el chantaje y la extorsión con el verbo trincar. Por eso el nacionalismo es el cáncer que tiene nuestro país.
Pues bien, gracias a esa presión de Urkullu, Puigdemont estuvo a punto de comparecer públicamente y pronunciar estas palabras: "He decidido disolver el Parlament y convocar elecciones. Es una decisión que sólo puedo tomar yo, antes que el Senado apruebe la activación del artículo 155". Pero no fue así y lo que vino después todos lo sabemos.

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