Un clamor sin etiquetas

12.03.2018 | 04:45
Un clamor sin etiquetas

A día de hoy no existe igualdad entre hombres y mujeres. Absolutamente nadie puede negar la mayor. Hay brecha salarial en algunos sectores, existen empresas que no facilitan ni lo más mínimo la conciliación, se siguen produciendo demasiados casos de acoso, la violencia de género es un problema crítico y, lo que es peor, hay hombres —de cualquier edad— que ven a la mujer en un escalón inferior. Por todos estos motivos, que son suficientes, en las manifestaciones del pasado 8 de marzo en más de 200 ciudades españolas había mujeres de todas las edades, creencias, ideologías y niveles económicos. Y, por supuesto, también hombres. Porque en esta lucha hay que ir de la mano. Los que quieran plantearlo como una guerra de sexos, que se vayan buscando otro pasatiempo.
Algunos han intentado desacreditar esa masiva e incuestionable protesta vinculándola a determinados partidos y sindicatos. Craso error. Gran parte de las personas que llenaron calles como las de Salamanca no se identifican con las patochadas que salen a menudo de la boca de dirigentes de la extrema izquierda. Despropósitos como los portavoces y las "portavozas" de Irene Montero y actitudes similares hacen un flaco favor al movimiento feminista. Y eso por no hablar de las mezquinas que abuchearon a Begoña Villacís en Madrid. La inmoralidad no entiende de sexos.
El feminismo, mal que les pese a algunos, no es propiedad de ningún partido. Algo parecido a lo que ocurre con la bandera de España. Cada mujer lleva su espíritu feminista como quiere o como puede. Cada una en su ámbito y de acuerdo a sus principios. Absolutamente nadie puede marcar las pautas de comportamiento en este sentido.
Pero no me interesa hablar en este artículo de la falta de coherencia de partidos como Podemos y de algunos sindicatos donde tienen a las mujeres arrinconadas y se permiten el lujo de dar lecciones. Recordemos, por ejemplo, cómo a una secretaria provincial de un sindicato salmantino se le hizo la vida imposible simplemente por el hecho de ser mujer.
Había muchos motivos para salir a la calle, como días atrás los tenían los pensionistas. Primero porque en España aún queda un largo camino por recorrer. Se ha hablado mucho de la brecha salarial en los últimos días, pero más alarmante es la dificultad que tienen muchas mujeres para conciliar la vida familiar y laboral. Madres, y también padres, que no tienen tiempo material para criar a sus hijos por culpa de la trasnochada idea que impera en España de cuantas más horas se pasen en el trabajo, mejor. Un concepto equivocado teniendo en cuenta que eso no redunda en mayor productividad.

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