Siempre queda algo

14.02.2018 | 04:45
Alberto Estella

Al salir de la cárcel se pueden hacer muchas cosas, entre otras, hacerse "un hombre de provecho", que decíamos antañazo, reinsertarte socialmente; reincidir y otra vez a la churra; lo que Julián Sánchez, el chorizo exalcalde de Marbella, ponerse a bailar sevillanas —habiendo salido de permiso por grave enfermedad—, y vuelta al trullo por idiota; o, como acaba de hacer el villano de Francisco Granados —de granado nada, poco juicioso—, echar estiércol sobre Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, en sede judicial. Por si no tenía bastantes causas, ha cosechado otras dos que promoverá la Presidenta de Madrid, una demanda civil en defensa de su honor e intimidad, y una querella criminal por injuria o calumnia. El acusador, el más cínico de los corruptos, habrá pensado como los de Béjar, "puesto el culo en la gotera caigan las que quieran".
Qué fácil es poner de chupa de dómine al vecino, echar basura sobre un político y a los guardias contra la pareja. Entre "la vieja el visillo" (personaje que puebla nuestra geografía, redivivo gracias a José Mota), propagando un embarazo pueblerino —"se ve que la muchacha se puso ofrecida"— y Granados, pregonando una presunta "relación sentimental" entre Ignacio González y la Cifuentes, no hay apenas diferencias.

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