Abstinencia cuaresmal

14.02.2018 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

El tiempo no perdona, pasó el Carnaval, hoy es Miércoles de Ceniza, primer día de Cuaresma, síntoma de que la vida sigue su marcha dejando atrás un pasado del que muchos prefieren no hacerse cargo, ignorándolo o borrándolo de la memoria por imperativo legal, para que nada cambie. Para éstos la historia poco importa y nada sirve, solo para dar de comer a los historiadores.
Pasó el Carnaval rivalizando con lo que no era, sirviéndonos entre todos ración doble, de una parte los de las caretas y disfraces acaparando protagonismo€, más la farra pura y dura, como si no hubiese mañana; y de otra los que dieron pie e inspiraron las letras de tanta chirigota. Este año el asunto catalán y quienes andan en medio mareando la perdiz han aportado un filón inagotable.
Hemos superado una etapa y ahora toca afrontar sus consecuencias, que además de aburrir, hartar e indignar, dan asco. Y como no quiero aburrirme escribiendo de lo mismo, ni aburrir a nadie dándole la tabarra con lo mismo, escribiré de otra cosa. De la Cuaresma, que hoy empieza y es tema con atractivo.
Abarca cuarenta días, hasta el Domingo de Ramos, días que no tienen por qué diferenciarse del resto porque la Cuaresma ya no es lo que era. La de hoy todos sabemos lo que es pero quienes por la edad no vivieron la otra no saben lo que era, y era lo que imponían las circunstancias políticas y religiosas del momento, que en muchos aspectos iban del brazo. Hablo de antes del Concilio Vaticano II que marcó en la Iglesia Católica un antes y un después de efectos traumáticos.

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