El amor, esa patología

12.02.2018 | 04:45
El amor, esa patología

Se habla mucho a estas horas de nuestra Carme Chaparro, y digo nuestra porque nació en Salamanca allá por 1973 aunque gran parte de su vida se haya desenvuelto en Cataluña. Chaparro acaba de cumplir veinte años delante de las cámaras, lo que viene a suponer casi la mitad de su vida; solo Ana Blanco, la del Telediario de Televisión Española, la supera. Así que está bajo los focos de la actualidad además de los del plató. Nuestra Carme, a mayores, prepara su segundo libro, la zarandean en las redes sociales de vez en cuando y ha comentado que convive con la enfermedad de Ménière, o sea, vive con un zumbido permanente en los oídos. El número de afectados supera los seiscientos mil. No es una enfermedad rara de las que se va a hablar esta semana en Salamanca en un congreso que busca conocer los modos de diagnóstico rápido en niños, o el momento en el que se encuentra la investigación, la financiación y los tratamientos, entre otros asuntos. Por suerte, tenemos entre nosotros a importantes especialistas, que impulsan en el Hospital Universitario la Unidad de Enfermedades Raras, pero de nada sirve si no cuenta con apoyo de todo tipo para ser útil a los enfermos y familiares.
No sé si el enamoramiento podría entrar en determinados momentos en la categoría de enfermedad rara. El amor puede llegar a ser una patología, como podría relatar la reina Juana La Loca, y su abuso tampoco parece muy sano a veces, y ahí está el príncipe Don Juan como prueba, fallecido, por cierto, en Salamanca. Leí una vez una novela, cuyo título no recuerdo, en la que aparecía alguien con un síndrome de enamoramiento muy radical, que luego he sabido que se llama de Klüver Bucy, y no lo busque en internet porque asusta. El caso es que fascinado por este asunto descubrí también que Frank Tallis, psicólogo clínico en el King´s College, publicó un libro, "Mal de amor" (Love sick), que defiende que el enamoramiento en un tipo de enfermedad con sus síntomas, pero sin tratamiento. Como le ocurre a algunas enfermedades raras. Supongo que a nuestros Calixto y Melibea les pasó algo parecido o quizá fue al propio Fernando de Rojas, que no hizo sino contar parte de su historia, pero sin el final trágico, y con este dato espero no haber hecho un spoiler de La Celestina; si es así, lo siento. Qué gran cita aquella de Celestina de "cuando el corazón está embargado de pasión, se cierran los oídos al consejo, y las palabras sensatas en vez de amansar aumentan la saña". Lo dicho, pura patología.

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