Waterloo

06.02.2018 | 04:45
Marta Robles

La sombra de la derrota de Napoleón no parece resultarle amenazante a Puigdemont, quien, asentado ya en esa mansión alquilada para él por su amigo Matamala y pagada quién sabe por quién, parece sentirse menos deprimido que cuando se filtraron esos mensajes tan perfectamente redactados como para sospechar que el propio ex president quería que se conocieran. Todo es improvisación, sí, pero también estrategia. O lo que es lo mismo, cada cinco minutos Puigdemont y sus secuaces van ideando movimientos para entretener a los medios de comunicación, mientras continúan tratando de rodear la legalidad y enfrentarse a la Constitución. Así mientras algunos responsables del 1-O continúan en la cárcel y otros están en libertad bajo fianza, Puigdemont sigue buscando la fórmula perfecta para librarse de todo, pero sin dejar ni el cargo, ni la influencia, o al menos condicionando su renuncia ser president en activo, a cambio de un puesto de presidente emérito de la Generalitat —con un nombre similar también le vale—, un sueldo público y residencia en Bruselas hasta las elecciones europeas previstas para 2019. Por supuesto, ahí no acabaría la cosa sino que empezaría: Puigdemont se presentaría como cabeza de lista de una candidatura única del independentismo y, naturalmente, acabaría siendo eurodiputado.
Una vuelta de tuerca que sugieren en El Confidencial y que implicaría más cosas, claro, porque, para empezar, tendría que buscarse un nuevo posible president, que parece que Puigdemont querría que fuera Jordi Sánchez, para incomodar al Gobierno español.

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