La inmortalidad de los poetas

04.02.2018 | 04:45
Román Álvarez

En el breve lapso de dos semanas se nos han ido tres poetas galardonados con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que otorgan la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional. Si para T. S. Eliot abril es el mes más cruel, en este caso el mes más cruel ha sido enero, que nos arrebató a Pablo García Baena, Nicanor Parra y Claribel Alegría. Estas lamentables pérdidas podrían hacernos evocar aquella famosa película del club de los poetas muertos, en la que los alumnos, imbuidos de la pasión transmitida por el profesor de literatura, recitaban el poema de Robert Herrick: "El tiempo de la vejez vuela lejos todavía / y la misma flor que hoy sonríe / morirá mañana".
Pablo, Nicanor y Claribel estaban destinados a la inmortalidad. Pablo y Claribel rebasaron ampliamente los noventa; Nicanor murió siendo centenario, pero los tres alcanzaron sobradamente la inmortalidad poética. La poesía alarga la vida o, en todo caso, la hace más placentera. Los poetas nos ayudan a valorar esos aspectos que el ajetreado mundo desdeña. La poesía es melodía del universo y embellecedora de la lengua. Parafraseando a Bécquer, habrá siempre poetas porque siempre habrá poesía

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