¡Qué tropa!

13.01.2018 | 04:45
¡Qué tropa!

E L primer síntoma de un naufragio lo protagonizan las ratas, que se huelen el desastre y huyen como locas para salvar el pellejo. Hoy en los barcos no suele haber ratas, por tanto si llega el momento no escapa ninguna de la quema. Sin embargo, no es fácil evitar que algunas se cuelen a bordo con nocturnidad, sin que nadie las vea, trepando por los cabos de amarre en puertos donde las hay en abundancia, por ejemplo el de Bombay, bien alimentadas y orondas como conejos, o el de Nápoles, donde van y vienen por los muelles como Pedro por su casa, o el de Barcelona, ahora que allí está todo manga por hombro con la fauna autóctona campando a sus anchas, y aunque la supervivencia a bordo la tienen difícil, aguantan la adversidad siempre y cuando no les cueste la piel, por eso que sean las primeras que se quiten del medio cuando las cosas se ponen peor de como estaban y el tinglado amenace con venirse abajo, aunque aguante en pie la embestida del temporal, pero ya sin una sola rata a la vista.
El principio del fin empieza con el ¡sálvese quien pueda! El primero que escapó del candray catalán fue quien debería haberlo hecho el último: Puigdemont, al que le siguieron unos cuantos. Otros no lo hicieron (bien porque no pudieron, bien porque no quisieron o no se les ocurrió, que de todo hubo) y acabaron en el trullo. Aquel, huido sigue, y algunos, no todos, de los que no lo hicieron, prisioneros continúan. Pues en sus manos está otra vez el gobierno del candray. Muy pronto veremos cómo sortean esta deriva y consiguen ponerlo a rumbo, porque no está [el candray] para muchas alegrías.
Muy claro no lo tienen porque las espantadas continúan dándose. Unos han tomado las de Villadiego, otros se han quitado del medio (caso de Mas, que abandona la presidencia del PDeCAT y se retira de la política, aunque no del todo, y Mundó, que ya estuvo en prisión y no quiere volver a ella, deja ERC y regresa a su profesión —cosa que no todos los políticos tienen y por ello no todos pueden hacerlo— alegando que la política fue para él sólo "un paréntesis"), y quienes no han hecho ni lo uno ni lo otro optan por no hacer nada o, aún peor, optan por dejar que otros hagan, y haciendo están de su capa un sayo. Los últimos en dar un paso atrás han sido Forn y los "Jordis", que sentados en el banquillo ante el juez han entonado el mea culpa, tal vez con la boca chica, y abrazado a la Constitución lo justo para salir de la cárcel, vamos, a lo Forcadell más o menos que, por cierto, ha renunciado a ser presidenta del Parlament.
Con esta gente el panorama se presta a cualquier cosa entre lo malo y lo peor. Interesante, sin duda, al menos los primeros movimientos, los siguientes ya no tanto? y así hasta que el aburrimiento y la hartura caigan de nuevo sobre el respetable, por eso, tomárselo en serio es morir, precio demasiado alto para que, además, nos tomen por el pito de un sereno, así que lo recomendable para sobrevivir es verlo como lo que es, como un esperpento que, bien mirado, puede resultar divertido por lo mucho que de sainetesco tienen la trama y sus personajes. La función ha empezado ya. El guión lo sabemos, porque será más de lo mismo, pero en versión corregida y aumentada, del que, de momento, solo se nos escapan los matices que los iremos detectando sobre la marcha.

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