Una resolución ejemplar

06.01.2018 | 04:45
Alberto Estella

Se cortó el roscón y apareció un Auto judicial poniendo las cosas en su sitio y manteniendo a Junqueras en la cárcel. Con una redacción que a mí me parece jurídicamente impecable, aclara que la causa contra el ex vicepresidente catalán no es por ser disidente e independentista, ¡a ver si se entera el personal! sino por querer lograr su legítima opción —amparada incluso constitucionalmente— saltándose todas las leyes a la torera. El cruzado de la inexistente República catalana, ha mantenido con todo descaro ante tres veteranos y supongo que atónitos Magistrados, que es "un hombre de paz". ¿Les suena eso a ustedes? Lo mismo dijo el presidente Zapatero de otro "político" de diferente catadura, con dos secuestros sonados a sus espaldas, pertenencia a una banda criminal y a un cruel comando etarra: Arnaldo Otegui, "un hombre de paz". Al vasco sus colegas terroristas le apodaban "el gordo", y Junqueras es obvio que lo es, o lo está. Dos hombres de paz, tiene guasa. Tiene uno la impresión de que Otegui y Junqueras pretenden pasar a la historia, no se asombren, poco menos que como Mandela y Gandhi, cuando son, para decirlo claramente, dos caudillitos mediocres. Conocida su permanencia en prisión preventiva, Junqueras ha recomendado a sus seguidores que "transformen la rabia por amor", ¡qué bonito! qué mansedumbre. Podía haberlo recomendado a quienes acosaron a la Comisión Judicial que inspeccionaba su Consejería, y a la Guardia Civil, destrozando cuatro de sus vehículos.
Algunas reacciones ante el auto producen vergüenza ajena. El abogado del (presunto) delincuente, que ha cometido (presuntamente) los más graves delitos que pueden perpetrarse contra un Estado, dice que se está "neutralizando a un adversario político", como si los jueces fueran diputados de un partido contrario a Esquerra Republicana; y que el auto "supone la destrucción de todos los derechos y garantías" (¡), cuando lo que supone es la construcción de un auto que garantiza a todos los españoles que quien no se arrepiente de haber atentado contra el Estado, debe seguir en prisión hasta que se le juzgue, para que no reincida y para que no aliente manifestaciones que pueden generar violencia.

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