Comilonas

03.01.2018 | 04:45
Alberto Estella

El principal propósito del 2018, para la mayoría de los españoles, es perder kilos. Estamos ahítos y obesos. Si, si, ya se que hay indigentes que solo comen las migajas que caen de las mesas de los opulentos, pero en España no hay hambruna —increíblemente, en la rica Venezuela si—, gracias a la renta per cápita, a Caritas, los Bancos de Alimentos o los comedores sociales. Aunque nunca la haya pasado, uno es del año del hambre (1940) y conoció "la Mendi" de la postguerra, frente a las Teresianas, donde se proporcionaba a los mendigos —algunos pronunciaban todavía "méndigos"—, unas gachas que aliviaban sus tripas, como las de los pupilos del Cabra de Quevedo, descomulgadas. Históricamente pasamos del garbanzo "güérfano" del Buscón, al cocido casero diario, y de este a dietas de mayor variedad, aunque seguimos buscando el cocido por las casas de comidas. Corporalmente se ha ido pasando también de las caras como leznas, a los rostros sonrosados, y hace tiempo a los carrillos inflados y al sobrepeso, con todo lo que ello arrastra.
Es el caso que por estas fechas, los antaño batuecos anoréxicos nos empeñamos en representar el banquete de Baltasar. Como si quisiéramos imitar a los personajes —cuatro grandes, Tognazzi, Noiret, Mastroianni y Piccoli—, de "La grande bouffe", que se encierran en un chalet hasta morir colmando su gula, desatando su bulimia, o sea, poniéndose hasta las trancas y protagonizando un suicidio gastronómico colectivo.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
anteriorsiguiente
 
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies | Política de privacidad