La mujer de moda

24.12.2017 | 04:45
La mujer de moda

Es la mujer de moda. Ha alborotado la política nacional y colocado a unos cuantos contra las cuerdas, y no solo a los indepes. Supongo que a Iceta se le habrán quitado las ganas de bailar durante una temporada, también a Ada Colau y Albiol; las aguas alrededor de Iglesias se agitan y vuelve a hablarse de Errejón. Todo el mundo habla desde hace días de Inés Arrimadas, como se habló en su día de Inés de la Cruz, Inés Sastre, Inés Arredondo, Inés de la Fressange, Doña Inés (ángel de amor) y la bella Inés, que cautivó al poeta Baltasar del Alcázar: "tres cosas me tienen preso, de amores el corazón, la bella Inés, el jamón, y las berenjenas con queso", hechas al horno, naturalmente. En el caso de los salmantinos, además, podemos presumir de sus vínculos con esta tierra, así que no nos habrá tocado el Gordo, pero la mujer de la que todo el mundo habla tiene algo de paisana. Porque, efectivamente –y comienza a no ser noticia—el Gordo tampoco nos saludó este año. Aposté por el ocho, pero no en el orden premiado; porque este número, tan vinculado al 2018 y al octavo centenario de la Universidad de Salamanca, está en ocho de las doce cifras premiadas hasta en nueve ocasiones. El ocho estaba ahí, y quizá no supimos verlo, como quizás muchos no hayan visto en la Catedral Nueva el mejor nacimiento, sobre una de las puertas que mira a la fachada trasera de la Universidad de Salamanca. Ahí está recién nacido el Niño y los Reyes adorándole, como le adoran los pastores. En una de las vidrieras o en la Sacristía de la Catedral Nueva, en cuadros flamencos, o en el retablo de la Vieja, hay también escenas maravillosas de la Natividad, que evocan el noche de paz, noche de amor. Noche de pastoradas y de calendas, en Ledesma, de Misa del Gallo a la que se accedía tras purificarse con el humo y el calor de una hoguera, y de la que se salía con un pan bendito para casos graves de personas o bestias. En Montemayor del Río se sube al pico Almirez tocando caracolas y campanillos para avisar a los pastores de la buena nueva. Y los pastores bajaban al pueblo y entraban en la Misa del Galló y recitaban de memoria y en verso largos relatos del nacimiento de Jesús, que se pasaban de padres a hijos. Eran las pastoradas, algo parecido a las pastorelas mexicanas. Imagino que los culés que bajasen ayer a Madrid habrán entonado pastorelas del descalabro blanco al regresar. Esta noche es, además, noche de discurso navideño del Rey, Y tiene tanto que decir€Noche de paz, noche de amor.


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