Gracias a la vida

23.12.2017 | 04:45
Gracias a la vida

Celebramos el nacimiento de un niño, del que los pastores de Judea tuvieron noticia. "Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor". ¿Qué mayor alegría puede tener una familia que la llegada de un hijo? Esa nativitas, la navidad, es la vida misma, que alentó en Él treinta y tres años, durante los que transformó la historia de la Humanidad. ¿Cómo no festejarlo?. Con mayor emoción, acaso fervor, los que – sin duda con su protección -, hemos nacido y renacido. Quiero por eso dar "gracias a la vida, que me ha dado tanto". En la inmensa lista de esos dones - seguiré el himno de Violeta Parra -, "me dio dos luceros que cuando los abro perfecto distingo€en el alto cielo, su fondo estrellado". Solo con poder contemplar las constelaciones en el cielo limpio de Castilla, bastaría para expresar la gratitud al Creador y a la vida.
Gracias a esa vida que me "ha dado el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro". ¿El sonido, la música?. Hoy precisamente en el canal televisivo "Clássica", con el que tantas horas me envaigo, he visto algunos pasajes de "Tosca", con María Callas; y desde el Castillo de Sant Ángelo, a Plácido Domingo encarcelado, cantando, ¿cómo no?, E lucevan le estelle, seguramente la más bella y conocida aria-romanza. En su adiós a la vida, llamándole el carcelero para ejecutarle, mientras las estrellas se desvanecen, el personaje de Puccini confiesa que muere desesperado, porque nunca ha amado tanto la vida.
Gracias a la vida, escribió la cantante chilena, que "me ha dado la risa y me ha dado el llanto, así yo distingo dicha de quebranto". Pero también me ha dado "la marcha de mis pies cansados, con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos"€ Tanto anduve que he cosechado muchas cicatrices. En mi madurez las ofensas apenas me duelen, los elogios los vendimio incrédulo, aprovecho los afectos - demasiados para mis merecimientos -, contemplo divertido a mis odiadores - ¿qué sería de mi sin ellos? -, y procuro no encenderme por nada (el amo Sixto ya me reprochaba que era "más caliente que la paja de algarrobas", que entra en auto-combustión). Y así voy tirando, apurando la existencia con la mayor intensidad posible.
Por todo ello, el escribidor da gracias a la vida, que tuvo perdida y al fin rescató; y a la chilena, que nos dejó ese formidable poema, que hoy canturreo torpemente, por dos razones: porque hace cincuenta años – era 1967 -, ella se pegó un tiro en la sien derecha (aún me pregunto cómo fue capaz de suicidarse quien escribió y compuso tan hermosa reconciliación con la vida); y porque en marzo vendrá a Salamanca el legendario Bob Dylan, que compartió lecho y escenarios con Joan Báez, mientras ella interpretaba el "Gracias a la vida", de modo conmovedor, quizá porque con sus dos negros luceros había reconocido, distinguía "en las multitudes el hombre que (yo) amo". Hermosa también la versión de la argentina Mercedes Sosa, aunque pueda corregir tan indocta opinión mi vecino de estas páginas, el admirado Juan Mari Montes, mi letrista preferido.


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