Esculturas

22.12.2017 | 04:45
Esculturas

Ahora mismo, este viernes, lo que importa es la Lotería de Navidad; el Gordo, su Gordo, tan añorado por estas tierras donde ha pasado de casualidad y casi siempre venido de otras. Da igual el número porque todos son bonitos cuando tienen premio. Una cifra a la que habría que dedicar una escultura si nos hace moderadamente ricos, como han hecho en un pueblo donde el año pasado se vendió el Gordo. La han puesto en bronce en un parque, como a nuestra turronera, aunque en este caso ha sido en la Plaza del Mercado, en la zona donde un día se colocaban con su género, mirando al Pozo Amarillo. Bien ganado se tienen las turroneras ese monumento después de tantos fríos y tanta fidelidad a esta ciudad. No demore la compra de su turrón porque se marchan ya; ese turrón albercano rocoso y secular, de origen incierto --¿judíos, árabes, un serrano avispado que vio negocio, una serrana con imaginación? Nadie lo sabe—pero de sabor tan especial. Un turrón tradicional expuesto como si se tratara de una roca recién extraída de la cantera de los dulces a la que se arrancan a cincel trozos que van a la romana para pesarse. Se ve en la escultura el instrumental y la apariencia del turrón. La ha realizado un admirador de Venancio Blanco, que ayer inauguraba otra exposición de Santo Domingo, que se llama Gonzalo Coello Campos, hijo de escultor y autor de trofeos y de una escultura en el Parque Alameda de Valladolid que recuerda mucho a la de los niños de nuestra Plaza del Campillo que juegan a la pídola, o "burra", que decíamos, y me trae a la memoria sin querer a aquellos recreos de "pico, zorro, zaina", de los que saldría alguna hernia. La de Valladolid se titula "saltos", que es lo obvio; la que aquí "pídola", que para eso somos lugar de letras. Hay un poema de Almudena Orellana Santos dedicado al juego: "Pídola y digo: ¡salto al revés! Un, dos, tres; guarda tus codos, la cabeza y los pies".
Del mismo autor son la vendedora de verdura y el carnicero de la Plaza del Museo del Comercio, donde pintan menos que en la citada Plaza del Mercado, donde las verduras y las carnes llenan de color desde hace décadas este espacio; allí pinta más un bombero, por ejemplo. También tiene color el Mercado estos días de lombardas, granadas, escarolas€y cabritos, lechazos y tostones. Las próximas esculturas serán las de Remigio "Adares", obra de Agustín Casillas, y Vicente del Bosque, de Fernando Mayoral, que se están haciendo de rogar. La de Adares irá a su Corrillo y la de Vicente del Bosque, a Los Bandos (más o menos, ha dicho el alcalde), aunque creo que iría mejor en la Plaza de la Concordia, por saber aunar personalidades tan distintas en el vestuario y la hierba, y ponernos a todos animando en la misma dirección, con lo que somos. Igual en Cataluña precisan de sus servicios: andan allá tan necesitados de concordia. Pero en Los Bandos también encaja como pacificador, como San Juan de Sahagún.

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