Se me parte el alma

12.12.2017 | 04:45
Se me parte el alma

No no sé a ustedes, pero a mí se me ha encogido el corazón cuando he leído la amarga narrativa de la experiencia carcelaria de algunos de los activistas del "procés". Malas experiencias con el menú gourmet carcelario, meteduras de pata que se saldan con el apéndice nasal fracturado y la incomprensión del personal que exhibe sin misericordia el insultante españolismo presidiario.
No dejo de pensar en cómo lo tiene que haber pasado el exconsejero de Territorio, José Rull, que salió de chirona con toda la boca llena de llagas por esas hamburguesas tan quemadas que hasta quebraron el tenedor y esa comida flatulenta, vamos cocidos contundentes, que diría él.
Y entiendo que se queje, porque para alguien que está acostumbrado a comer en los mejores restaurantes catalanes, el "rancho" carcelario le provoca gases. Pero con lo que no puedo estar de acuerdo con él es con la contundencia de la comida, porque que yo sepa tanto la butifarra como el espetec son dos productos típicamente catalanes que no me dirán que son de dieta, ¡por Dios!
Además, tanto Rull como su compañero, el exportavoz del Gobierno, Jorge Turull, estuvieron durante 32 días compartiendo una celda de 10 metros cuadros y mataban las horas jugando al pimpón, en un curso de fitness o estudiando francés. Incluso aprendiendo encuadernación. Vamos, que su paso por el penal de Estremera ha sido como si hubieran disfrutado de una estancia terapéutica en la famosa clínica marbellí Buchinguer, un centro para pudientes que ha contado como lo más selecto sociedad. Allí se encerraba todos los años Carmen Sevilla, que la hizo famosa, y ahora son asiduos Mario Vargas Llosa y su novia Isabel Preysler. En este aspecto, tanto Rull como Turull deberían estar eternamente agradecidos a la generosidad de todos los españoles, porque de cara a Navidad les ha venido de miedo pasar por ese paraíso zen en el que han podido comprobar los beneficios indiscutibles del ayuno, ya sea porque las hamburguesas no estaban en su punto o porque la comida estaba lejos de los restaurantes con estrella michelín a los que acostumbraban a ir cuando el dinero salía de las arcas públicas catalanas.
Pero la que más lástima me ha dado es la exconsejera de Trabajo y candidata de ERC, Dolores Bassa, que nada más salir de la prisión de Alcalá Meco, previo pago de 100.000 euros, se ha roto la nariz y, ¿quién tiene la culpa?, pues España o Rajoy porque si la hubieran dejado salir del país para ir de excursión a Bruselas, no habría sufrido el maldito percance cuando daba un paseo por el monte.
A los "jordis" no hay ser humano que los aguante. Los presos de confianza piden el inmediato el cambio de "trabajo" porque ya no soportan los sermones catalanes ni estar permanentemente viendo la propaganda de TV3. Algo singular tienen que tener estos trileros acostumbrados durante años a la mentira sin escrúpulos. Y no es que sea raros, como dijo el recluso con el que compartía celda uno de los "jordis", es que son definitivamente idiotas.

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