Hundido y satisfecho

30.11.2017 | 04:45
Juan Carlos García-Regalado

No me canso de escribir sobre Fernando Alonso. Y no como gran piloto y campeón, que lo es y de los mejores de la historia del automovilismo, sino como persona, pues es todo un ejemplo de deportividad y temple, como ya lo fue cuando las carreras le sonreían y el mundo se veía pequeño sin bajarse desde lo más alto del podio. Pero sobre todo lo es desde que la mala suerte y los mil condicionantes le han llevado desde hace varias temporadas más allá de lo que un hombre normal aguantaría sin perder la cabeza. Especialmente crueles han sido las tres últimas temporadas, arrastrándose de lado a lado del planeta con su "McLaren-Honda", aunque nadie se haya atrevido a poner en duda las habilidades del asturiano al volante y sobre todo su carácter positivo, lo que le ha llevado a ser una de las estrellas más queridas del circo de la Fórmula 1. Todo un "gentleman" dentro y fuera de la pista, a pesar de los duros avatares profesionales, y por ende personales, a los que se lleva enfrentando desde hace años sin perder la sonrisa ni las buenas palabras, aferrado al mantra de "ya vendrán tiempos mejores".

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