Un mes de duelos

27.11.2017 | 04:45
Un mes de duelos

Nos está quedando un noviembre de duelos. El mes que empezó por la festividad en la que recordamos a nuestros muertos suele ser para muchos, y yo entre ellos, la oportunidad para volver a pasear por el cementerio, que es una experiencia que no recomiendo rehuir. En los días que han venido después se han producido algunas tristes pérdidas entre amigos y compañeros. Vivir la muerte no es sino una de las consecuencias de la vida: eso es lo que hay. Y si hay un mes del año que alguna vez me ha parecido triste es noviembre, con su luz menguante y su frío creciente. Pero la undécima etapa del calendario gregoriano y novena del calendario romano nos trae este año algunos duelos de los otros, de los que plantean un enfrentamiento entre dos, un cara a cara más o menos definitivo. Es un mes de duelos.
En otra época, los duelos ayudaban a resolver una afrenta de honor mediante un enfrentamiento pactado con reglas muy concretas. En todos los casos, uno terminaba ganando y otro perdiendo. Pero en el siglo XIX aún no se habían inventado las tandas de penaltis, y entre otras muchas cosas, el que perdía solía perder del todo y a menudo no sobrevivía para contarlo. Ayer en Salamanca vivimos en el Helmántico un duelo sin muertos pero con mucho honor en juego. Se diga o no expresamente, se dirime cuál será el club que herede la antorcha del Salamanca como primer equipo de la capital. Pero ni el ajustado resultado de ayer entre Salmantino UDS y Unionistas ni el balance de fin de temporada nos dará la respuesta. Será una carrera de fondo que tendrá más que ver con una gestión acertada y sensata a largo plazo que con un golpe o dos de suerte sobre el campo de juego. Lo cierto es que el derbi del fútbol local ha desempolvado la pasión dormida de los aficionados, privados desde hace cuatro años del equipo de sus amores, que murió víctima del negocio del fútbol moderno. Pero llegarán tiempos mejores y volveremos a ver lleno el Helmántico cada dos semanas: que a nadie le quepa la menor duda.
Cuatro días después del enfrentamiento en el césped viviremos otro duelo en las urnas de la Universidad. Ricardo Rivero y Juan Manuel Corchado buscan el Rectorado en la segunda vuelta de las elecciones tras dejar por el camino a María Ángeles Serrano y Francisco Giner Abati. En un análisis viejuno de estas elecciones se podría apuntar que estamos ante una disputa entre las ciencias y las letras, por las disciplinas a las que representan los candidatos. Descartada esta visión tan simplista, los equipos que con sus distintos modelos de gestión universitaria se disputan el voto el próximo jueves se juegan el protagonismo en el que, a buen seguro, será al año más singular para la Universidad que vamos a vivir tanto ellos como ustedes y yo. Sin duda un reto apasionante el que está en liza en este otro duelo académico, exento de golpes bajos y juego sucio pero en el que no faltan indirectas entre sonrisas amables por parte de ambos candidatos.

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