Nubes cargadas, pero no de agua

26.11.2017 | 04:45
Julián Ballestero

La que se nos viene encima no es flaca. No solo vamos a tener que seguir mirando al cielo todas las mañanas para ver si por fin llueve como es debido, porque las cuatro gotas que han caído en los últimos días no sirven ni para quitar el polvo de las hojas de los árboles, sino que las nubes de tormenta que vamos a poder observar en el horizonte van a venir cargadas de todo menos de agua.
Para empezar, la fiesta del cupo que los dirigentes vascos Andoni Ortuzar y Aitor Esteban celebraban esta semana con amplia sonrisa, a punto de sacar la copa de pacharán y el puro, en los palcos del Congreso, vamos a pagarla todos y no va a resultar barata precisamente.
En tiempos de apuro y sequía los gastos a mayores como este del cupo duelen tanto como una inspección de Hacienda. Y cuando los ricos, los sobrefinanciados, consiguen que entre todos les hagamos más ricos, es que los pobres, los infrafinanciados, vamos a ser más pobres. Los vascos saben que, de toda la vida, la solidaridad bien entendida comienza por uno mismo, y ellos se aplican el cuento y se afanan en sus chantajes con todo el entusiasmo de los buenos aizkolaris.
Lo poco que pagan los de las haciendas forales por los servicios e inversiones del Estado ha sido un escándalo desde los albores de la democracia, cuando se cedió ante la amenaza de ETA, pero ahora es un una orgía de la desvergüenza, porque se trata de comprar votos. En lugar de ir limando privilegios, entre el PP, el PSOE y el PNV han logrado agravar el ultraje que supone el cupo para todos los españoles (salvo para los navarros, que viajan en limusina fiscal).

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