Guía de protocolo sexual

21.11.2017 | 04:45
Marta Robles

Casi siempre estoy de acuerdo con los argumentos y el sentido del humor de Javier Marías por incendiaros que sean y aunque desaten la iras de las redes, pero no es el caso del último artículo de su blog sobre el "protocolo sexual", contra el que no puedo más que revolverme. No soy muy pacata yo, creo, ni ando en contra de la seducción o del juego amoroso. Creo que el mundo sería mucho menos divertido si desapareciera la conquista y si no se pudiera decir ni media lindeza por temor al malentendido; pero pienso también que todo tiene que estar regulado por el sentido común, dependiendo de la igualdad o desigualdad de las relaciones. Tocar la rodilla, decir procacidades o pedir un masaje en los pies no tiene ninguna importancia siempre que quien recibe el tocamiento, la procacidad o la demanda pueda mandar a la mierda sin reparos a quienes lo hacen cuando, sencillamente, no le apetece el asunto o no le gusta cómo se lo exponen.
El problema de los Harvey Wenstein, Kevin Spacey, o Fallon del mundo, es que en vez de hacerle la proposición al coproductor del filme, al actor con quien comparten protagonismo en la película o a la ministra que se sienta al lado en el Parlamento, se las hacen a personas que se encuentran en inferioridad de condiciones y que no pueden reaccionar como quisieran por puro miedo.

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