Viajes y viajeros

20.11.2017 | 04:45
Viajes y viajeros

Miles de extremeños trasladaron el sábado a Madrid su queja por la falta de un servicio de transporte ferroviario digno. Extremadura avanza por el siglo XXI con una red de trenes de vía única y sin electrificar, en clara desventaja con el resto del país. Un centenar de manifestantes acudieron a la estación de Atocha a esperar al presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. El tren tenía que haber llegado a las once y siete minutos pero lo hizo con veinte minutos de demora. Toda una metáfora del retraso que vive la comunidad vecina, donde el servicio público de transporte suspende clamorosamente. Pero digamos que en Salamanca tampoco estamos para presumir. Nuestro único tren medianamente decente, el Alvia a Madrid, ya ha empezado a sufrir averías una semana sí y otra también.
Mientras miles de extremeños cantaban su himno a la verde blanca y negra y coreaban "tren digno ya" en la Plaza de España, más de medio millar de inmigrantes procedentes en su mayor parte de Argelia llegaban al puerto de Cartagena en varias embarcaciones de la Armada, Salvamento Marítimo y la Guardia Civil. Habían sido rescatados cuando se jugaban la vida cruzando el mar de Alborán en unas inseguras pateras, incierto y peligroso pasaporte a un futuro mejor. Esta vez han sido cerca de 50 embarcaciones, toda una armada invencible, con minúsculas, de desheredados a quienes unos mafiosos desplumaron en el puerto de salida para venderles una partida de ruleta rusa flotante. El negocio de la inmigración campa a sus anchas en la frontera marítima de Europa, como denunciaba esta semana en el Casino de Salamanca el periodista salmantino Javier Martín, profundo conocedor del mundo árabe y de los intereses geopolíticos que alimentan desde hace años el conflicto de Oriente Medio. Esa sangrante situación ya la conocíamos. Pero lo que ya no trasciende en la misma medida a la opinión pública es que, como denunció el periodista, en muchos lugares del litoral las oleadas de pateras que fletan estas mafias son un cebo para distraer a la policía costera del verdadero negocio que se produce unos pocos kilómetros más allá: el envío de armas en lanchas rápidas que serán vendidas en las zonas de conflicto en Oriente Medio. El tráfico de personas encubre un mucho más suculento tráfico de armas. "Ese es el verdadero negocio", afirmó Martin, actualmente delegado de la Agencia EFE para el Norte de África.

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