Franco no llegó a irse

09.11.2017 | 04:45
Juan Carlos García-Regalado

El problema de la Cataluña nazi y forajida que nos acaba de estallar en la cara es en realidad el mismo que sufre el resto de España desde los años noventa, pero agravado con la llegada del siglo XXI y la explosión radiactiva de la telebasura y las redes sociales. El problema no es otro que una sociedad ya mayoritariamente mediocre e ignorante, y cuyos representantes políticos no podían ser otra cosa que su fiel reflejo. No le den más vueltas, no las hay, es la dictadura a la que está sometida Occidente y en la que hemos caído de manera suicida, y mucho me temo que sin marcha atrás habida cuenta que a la mediocridad hay que unirle la indolencia y el servilismo como características de nuestros días.
Y Franco –pobre Franco, dónde estará, o al menos eso creía yo- es un "icono" que nos devuelve un día sí y otro también a nuestra realidad, a nuestro "Celtiberia Show" de 2017, como si la España de los sesenta del magnífico Luis Carandell siguiera viva. Y tanto que sigue viva gracias al oropel que trajeron los horteras sin escrúpulos del ladrillo y de listas electorales de perfil ultra bajo.

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