Lutero: pasión de Dios

03.11.2017 | 04:45
Ángel J. Ferreira

El 31 de octubre se cumplieron los 500 años del inicio de la Reforma protestante, con el célebre episodio de las 95 tesis clavadas en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Lo de menos es si fue exactamente ese día y si lo hizo su autor, Martín Lutero, lo importante es que a partir de ahí se inició un movimiento religioso, cultural y político sin el que es imposible entender Europa y el cristianismo. Su protagonista, Lutero, durante siglos denigrado por unos y exaltado por otros, y cuya pasión fue Dios, a quien entregó su existencia, y la autenticidad del cristianismo.
No estaría de más que dejáramos hablar de oídas y nos sumergiéramos en las páginas que dejó escritas, brillantes por cierto. Su tesis central es la fe salvadora en la misericordia de Dios y el carácter secundario de nuestras obras a tal fin. O, de otra forma, el atormentado Lutero por el problema de la salvación o condenación eternas, supeditada a nuestros méritos, descansó cuando comprendió que quien nos salva es Dios con su infinita misericordia y que basta con la fe en su bondad para alcanzar lo que sólo nuestras pobres obras harían imposible. Lutero lo descubrió en la Biblia, que tradujo admirablemente al alemán, allí estaba ese mensaje que constituye el corazón del Evangelio: Dios nos ama incondicionalmente y nos espera siempre, basta con que sinceramente lo creamos para salvarnos. Es evidente que el fraile agustino no menospreciaba las obras o méritos del creyente, pero no son estas principalmente las que nos salvan, aunque sean una consecuencia lógica de la fe, sino el amor de Dios.

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