Llegué a Hollywood

02.11.2017 | 04:45
Juan Carlos García-Regalado

Menos mal que ayer estuve con Esperanza, una mujer salmantina a la que habría que clonar para, entre tantas "Esperanzas", ayudarnos a salir de este abismo en el que hemos caído, y en el que habitan "cosas y cosos" como Puigdemont y sus monstruos, si nos ceñimos a la política, o una sociedad cuyo desencanto y abulia nos está matando. Nos está matando.
Esperanza fue ayer mi rayo de sol, como cada vez que la veo, pues me aporta normalidad a pesar de que siempre ha sido la chica más moderna de la clase a la que todos han mirado de reojo, incapaces de entender la libertad y el cerebro. Y es que nos falta normalidad; ni vitamina B, ni calcio, ni dinero, lo que nos falta es normalidad en este mundo (ataque en Nueva York), en este país (golpe de estado nazi), en esta ciudad (bendición del sopor). Hemos llegado a un punto (generalizando, claro) que el lugar en el que me siento más seguro es entre las cuatro paredes de mi cráneo, pues lo que hay fuera mete miedo y además existe una inseguridad manifiesta unida a una falta de clase y educación que no puede traer nada bueno.

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