Acoso

31.10.2017 | 04:45
Marta Robles

Desde que la Academia de Hollywood expulsara a Harvey Wenstein por el escándalo de abusos y acoso sexual no han parado de salir actrices contando su caso. Y no solo eso, desde entonces, no se ha parado de hablar en el mundo entero del acoso sexual que sufren infinidad de mujeres en cualquier parte del planeta.
Me sorprende que nos llevemos las manos a la cabeza, cuando hay cientos de películas y novelas que recogen casos de acosos sexual porque, de alguna manera, todos —y todas— conocemos de primera mano casos más o menos cercanos y el acoso es consustancial a la historia de la humanidad donde unos mandan y otros no y, desgraciadamente, entre esos que mandan siempre hay alguno que utiliza el poder para someter. Además, ahora que parece que ya se puede denunciar todo lo que antes había que callar casi con vergüenza, el acoso sexual sigue sin estar bien delimitado por la ley y es muy difícil de probar. Por eso se utiliza tanto como método de presión sobre todo a las mujeres a las que, incluso en el siglo XXI en las sociedades desarrolladas nos sigue costando más llegar y mantener una carrera profesional.
El caso de Wenstein ha vuelto a proporcionar material para que se crea que en el mundo de la interpretación, la moda, la música o todos aquellos donde la disciplina es de otra manera es el caldo de cultivo de este este tipo de actuaciones; pero mientras actrices del mundo entero empiezan a relatar sus casos personales largamente ocultados, dos mil mujeres denuncian el acoso sexual en el mundo del arte.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
anteriorsiguiente
 
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies | Política de privacidad