Paciencia

30.10.2017 | 04:45
Paciencia

Tuve un amigo con un gran sentido del deber: me debía a mí 200 euros que le había prestado para que saldara no sé qué deuda, le debía mucho más a la comunidad de vecinos del edificio en que vivía, le debía a todo el mundo. Pues bien, lo de Puigdemont, que, como se verá a continuación, también debe, es mucho más preocupante: debe una explicación a todos (en especial, a los propios catalanes), debe contar la verdad que oculta bajo sus eufemismos, debe justificar sus medrosas artimañas destinadas a salvaguardar su pellejo y a derivar responsabilidades a los subordinados, debe coger la puerta y largarse. Vamos, que debe mucho.
Pero hay que comprender la debilidad humana. Y disculparla, naturalmente. Redacté hace casi un par de meses una columna en la que rendía de nuevo un justo homenaje a Jorge Luis Borges. Lamentaba en aquel escrito que el entonces President catalán huyera de la gloria y renunciara a ser un héroe para quedarse en un escalón mucho menos atractivo: el hollado por los intrigantes. Pero es que el heroísmo entraña exigencias extremas. Así lo veía Will Rogers, el humorista estadounidense: "El heroísmo es la profesión más efímera que existe". Mucho más condescendiente, y a la vez con más sorna, el también norteamericano Ralph Waldo Emerson relativizaba el asunto: un héroe, aseguraba, no necesita ser más valiente que cualquier ciudadano corriente: solo tiene que ser valiente cinco minutos más.

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