Las Coplas -resecas- Del Tío Ramón

30.10.2017 | 04:45
Las Coplas -resecas- Del Tío Ramón

Remataba el Tío Ramón su merodeo por el sediento regato de La Pirocha, cuyas orillas sombreaban algunos fresnos que empezaban a amarillear sus hojas, cuando atisbó la llegada ruidosa y polvorienta, por el camino de las Perdigueras, de una vieja camioneta Citroën C8 que se detuvo en la misma orilla y de ella se apeó ataviado, con su eterno mono azul de mecánico, la enteca figura del Tuerto.
- A las buenas Tío Ramón, menos mal que doy con Vd. Se ha acercado por el taller su sobrina en busca suya, parece que tiene que llegarse urgente hasta su casa porque se ha derribado el tapial del corral de su vecino, El Pavero, y ha hecho un estropicio de miedo en el suyo. Yo como le atisbo las querencias, intuía que andaba por aquí y me he prestado para venir en busca suya.
- Te lo agradezco Tuerto, vamos para allá. Mira que es jodío el Pavero, llevamos años de discusiones para que arregle la medianera y ni caso. Hasta que se ha cumplido el pronóstico y el corral se ha venido abajo.
- Menos mal que me llevas en la furgoneta, porque me he llegado hasta el Pozo Calvetón y vuelvo desolado. Con la congoja en el pecho. Nunca viví un otoño como este, de seco, áspero y tropezado.
- No tienes más que ver la Ribera, un secarral arrasado donde las vacas aburridas lamben la tierra que da pena verlas y lo que es peor, con las cuatro gotas que cayeron el otro día algunos barbechos, que se sembraron en seco, han tirado a nacer y ahora los brotes están en las últimas por falta de agua.
- Los labradores están asustados, pero los ganaderos están desesperado. Llevan más de seis meses arrimándoles a las vacas tacos de pienso y ya sabe usted que cada animal se traga más de un euro al día.
- Qué desastre Tuerto, a las puertas de noviembre y el posío ni se ha enverdinado.
- Por no hablar de la montanera, que había encinas que prometían un remolque de bellotas y la falta de agua las ha avellanao y están pingando sin sustancia.
Traqueteó la furgoneta por el polvoriento camino hasta llegar, cruzando el pueblo, ante el portalón de la casa del Tío Ramón, cuya mediana estaba invadida por los cascotes y la ripia del derrumbe vecino.

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