Resistencia al cementerio

29.10.2017 | 04:45
Santiago Juanes

Cuando el gobernador militar de Salamanca durante la ocupación francesa, el general Thiebault, propuso abrir un cementerio necesario fuera de la ciudad por razones de higiene y salud, los salmantinos se opusieron. De ninguna forma estaban dispuestos a no ser enterrados en las iglesias o a la sombra de estas, lejos de Dios y como siempre había sido, vamos, como Dios manda. Tras la derrota francesa la oposición continuó: nadie quería ir al cementerio, donde no iba ni Dios, diríamos ahora. Hoy tampoco queremos ir al cementerio, si acaso a visitar a los nuestros o pasear por sus calles, como hacía el poeta Aníbal Núñez, recordado esta semana por los poetas iberoamericanos a los treinta años de su muerte. Para entender a Aníbal hay que leer a Fernando Rodríguez de la Flor. Supongo que el poeta conocería al añorado cronista Luis Carandell, que trabajó con su padre, José Núñez Larraz, en el rescate de esas curiosidades funerarias que es posible encontrar en el cementerio, como aquel epitafio: "Ya no tose". La secular pizarra de San Julián sigue diciendo que los que dan consejos ciertos a los vivos son los muertos; Carandell aseguraba que no se puede conocer a los vivos sin haber visitado antes a los muertos. Recuerdo al cronista aquí durante la feria del libro antiguo; en esos libros está el pasado, como lo está en los cementerios, para ser precisos el pasado y el futuro de la ciudad, y sí, la cita es también de Carandell.

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