Aplicar la ley no era tan difícil

29.10.2017 | 04:45
Julián Ballestero

Digamos que, pese a las dudas y los temores de Rajoy y Soraya, la aplicación del artículo 155 no ha entrado con mal pie, de momento. Lo más preocupante de su entrada en vigor era la reacción de los alborotadores profesionales de la CUP y los comités de defensa del referéndum, la versión catalana de la ´kale borroka´ vasca, y no la ha habido. Por ahora se mantiene la tensión en la calle pero sin incidentes.
El Gobierno ha comenzado a tomar el mando de la administración autonómica declarada en rebeldía y los relevos se están produciendo en medio de la normalidad, incluso con la aparente colaboración de los mandos golpistas, como ha sido el caso del Mayor de los Mossos, el inefable Trapero. Alguna estarán preparando, eso seguro.
Sin embargo, parece como si los sublevados hubieran entrado en modo pánico y se les hubieran acabado de repente esas tan ingeniosas ideas desplegadas durante las últimas semanas para mantener el pulso frente a la ley y la Constitución. Será una parálisis parcial y temporal, porque no vamos a pensar a estar alturas que son capaces de entrar en razón.
Ayer mismo las fuerzas de choque de los golpistas, la ANC y Òmnium, cuyos cabecillas permanecen marcando rayitas en la cárcel, llamaban a sus huestes a concentrarse en los bares para cargar las pilas antes de defender la independencia en la calle. Todo muy democrático y muy meditado, claro.

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