Arquitectura serrana

21.10.2017 | 04:45
José Antonio Bonilla

Dos libros de Pablo Puente, arquitecto vallisoletano y enamorado de Candelario, han llegado a mis manos. Uno de ellos Historias de Candelario, no es algo al uso, sino que viene a desmitificar algunos sucesos, que la tradición oral o escrita ha consagrado. El otro volumen está dedicado a la arquitectura de la misma localidad, y en él se estudian dos edificios singulares de la villa serrana: las escuelas y el ayuntamiento, que junto con la iglesia suelen ser los edificios principales de los pueblos de España.
Las escuelas de Candelario, a mediados del siglo XIX, se encontraban en un estado lamentable, y suponían un peligro para los escolares. Una tragedia que sucedió en Ruzafa (Valencia), que estremeció a España entera y también a las autoridades candelarienses: diez niños muertos y el maestro, pero tuvieron que pasar 23 años de ese suceso, para que las nuevas escuelas pudieran inaugurarse, en 1886. Ofrecían en la planta baja las aulas de niños, niñas y párvulos y en la planta superior viviendas para los maestros. Según cita de Manuel Alhama comentó que las escuelas eran "un edificio magnifico; a los maestros no solo se les paga, ¡sino que se les gratifica!" El autor del libro se sorprende de cómo Luis Bello cuando pasó por Candelario, no dijera nada en sus crónicas de las escuelas de España que publicaba El Sol. En la provincia de Salamanca se llevó a cabo una tarea ímproba para dotar a los pueblos con escuelas decentes, en la que destacó D. Filiberto Villalobos.

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