Una adyecta tergiversación

19.10.2017 | 04:45
Julián Ballestero

Hemos entrado de lleno en el terreno del disparate y no parece haber lugar para decisiones sensatas. Puede ser que en el Gobierno de Mariano Rajoy todavía queden algunos ejemplares, entre ellos el propio presidente, dignos de ser protegidos como los animales en peligro de desaparición, que guardan en sus corazoncitos la esperanza en un retorno a la legalidad de Puigdemont y sus secuaces. El resto de los mortales hace tiempo que hemos tomado conciencia de la irreversible deriva hacia la locura en la que se han embarcado los máximos responsables de la Generalidad y del resto de instituciones autónomas/separatistas de Cataluña.
Por eso no sirve de nada que Rajoy intente convencer a los rebeldes de que la convocatoria de unas elecciones autonómicas podría constituir una salida razonable para quienes han delinquido en el proceso independentista. Se trata de una oferta inteligente, que pone a los separatistas ante la vergüenza de sus propias contradicciones: si lo que siempre han querido es votar, nada mejor que acudir a las urnas para saber quién es quién en estos momentos. Pero no hay lugar para la sensatez ni para la razón en el cráneo de quienes han convertido su obsesión por romper España en el único objetivo de sus pensamientos, a quienes ni todos los evidentes signos de descomposición de la economía catalana tras la amenaza de declaración unilateral van a parar en su empeño por acabar con la convivencia pacífica y democrática.
Puigdemont no quiere elecciones porque esto no va de democracia, sino de imposición. No quiere conocer la opinión de los catalanes, no siendo que les salgan respondones y una mayoría no apoye su proyecto de viaje hacia la ruina. En todo caso, como dejaron claro ayer algunos de los líderes de la rebelión, en la Generalidad están dispuestos a convocar elecciones, sí, pero ¡a cortes constituyentes!, que tienen para ellos la ventaja de ser imposibles e ilegales, los dos requisitos preferidos por los asonados.
Los supremacistas del PdCat, Esquerra y la CUP no solo no están dispuestos a atender cualquier amable invitación hacia la cordura, sino que responden siempre con nuevos órdagos. Ayer ya avisaron de que si se aplica el artículo 155 de la Constitución, que suspende o endereza la autonomía, ellos por su parte declararán la independencia unilateral€ como si no la hubieran declarado ya. Están en absoluta rebeldía ante los poderes democráticos del Estado, tal y como recoge la sentencia del Tribunal Constitucional conocida el martes, en la que los magistrados denuncian que los catalanes se encuentran en estos momentos "ante un poder que no reconoce límite alguno".

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