Y se irán de rositas

18.10.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Desde siempre, en España, pase lo que pase, no pasa nada y ahora menos que nunca. Lo anterior al 1 de octubre se pierde en el tiempo, pero desde este día hasta hoy hemos visto pasar una sucesión de consecuencias, tantas y tan seguidas que apabullan, muchas de ellas tan ambiguas e incongruentes que no es fácil sacar conclusiones. Se habla, se discute, se especula€ sin llegar a nada concreto. Oyes a una parte, oyes a la otra y dan la impresión de que aspiran a lo mismo, a perdonarse mutuamente la vida, y si algo pasó aparcarlo hasta que se den las circunstancias para volver a la carga.
El Gobierno aseguró antes del 1 de octubre que no habría referéndum ni nada que se le pareciera y hubo algo que se le pareció. Después, que no habría declaración unilateral de independencia, pero dejando caer, por si acaso, que el Gobierno iba con toda certeza a impedir que cualquier declaración de independencia se pudiera plasmar en algo, dando así a entender que habría declaración, y la hubo en medio de un caótico pleno en el que ni se celebró debate ni votación ni nada, al margen de toda ley. Solo el discurso de proclamación tuvo lugar, discurso plagado de bajezas y de mentiras en las que justificó la infamia que en aquellos momentos cometía en nombre de la libertad, el derecho y la democracia.
Después de mucho hablar, yéndose por las ramas y sin concretar nada, el presidente Puigdemont, que era quien tenía la palabra, dijo: "Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república.

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