Y al fin llovió

16.10.2017 | 04:45
Y al fin llovió

De repente llovió. La hierba se volvió más verde y de nuevo vimos charcos que ya teníamos olvidados. Había pasado tanto tiempo desde la última vez€mes y medio, he calculado. Borges decía que "la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado", y desde la última vez ha transcurrido tanto tiempo€Ya estábamos a punto de sacar a las imágenes en procesión y acompañarlas con rogativas. De momento, con la Virgen del Rosario hemos salido adelante, pero vamos a necesitar más agua, la necesitamos de hecho. Llovió a la hora del postre, de los pasteles, porque ayer era Santa Teresa y las Teresas habían llenado las casas de comida y vaciado las pastelerías; en Alba de Tormes, además, era fiesta. Federico García Lorca, como todos los poetas, le cantó a la lluvia: "La lluvia tiene un vago secreto de ternura,/ algo de soñolencia resignada y amable, / una música humilde se despierta con ella/ que hace vibrar el alma dormida del paisaje". El paisaje se llenó de nubes y el calor hizo el resto; fue como una tormenta de verano en otoño, con las Teresas de fiesta, quizá la puerta que se abre a las lluvias de otoño, imprescindibles para la siembra y las charcas. Una lluvia que nos sacó del ensimismamiento catalán en plena cuenta atrás. Cuando lea estas líneas quizás Puigdemont, "Puchi", haya aclarado lo suyo o puede que no y estemos en las mismas, o a punto de desenfundar el 155 y ver qué pasa. Lo mismo también precisamos de rogativas para el caso catalán, pongamos que a San Lucas, que se celebra esta semana, que es el patrono de Medicina –la primera fiesta universitaria del curso—y santo que sabe de curas y cirugías. Con este santo comenzaba el curso universitario siglos atrás. San Lucas fue médico y evangelista, y sobre él flotan ciertos misterios, como flotan en el ambiente de la "indepe" catalana. Será interesante escuchar a Salvador Sánchez Terán, que trabajó para el regreso de Tarradellas y aquel "ya estoy aquí", qué piensa de todo lo que está ocurriendo. Después habrá que preguntarle por la Estación de Autobuses de Salamanca, en la que estuvo metido a principios de la década de los setenta del año pasado cuando comenzó a hablarse de ella. La Estación de Autobuses se alzó sobre el legendario Calvario, campo de fútbol de la Unión Deportiva Salamanca. Ahora va a ser restaurada o reconstruida. Ambas cosas me valen. Se precisa de una nueva estación, contemporánea, cómoda y hermosa. Que los viajeros se lleven buena impresión de Salamanca a través de ella, que sea un espacio para el descanso y que esté en sintonía con los tiempos, sabiendo que toda novedad queda anticuada al día siguiente de conocerse.

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